Prime Video confirmó la segunda temporada de “La Oficina” tras romper récords. Armando Espitia, el inolvidable QWERTY, nos recibe para hablar del fenómeno, pero también de sus proyectos más profundos: “Un Hijo Propio” y “Mochaorejas”. Una conversación sincera sobre el éxito, la disciplina y por qué los actores deberían poder hacer comedia y drama sin etiquetas.

Prime Video confirmó la segunda temporada de La Oficina tras ser el título más visto. ¿Cómo viviste ese momento?

Fue muy emocionante. Días antes del anuncio, nos hicieron una broma: fingieron que nos iban a regañar, pero luego nos dieron la buena noticia. No me la creí porque veía las redes y todo iba bien. Pero fue divertido ver las reacciones de algunos compañeros. Lo mejor es que los fans lo sintieron como un triunfo propio. Ellos pidieron la segunda temporada, hostigaron a Prime Video, vieron y repitieron la serie… eso da resultados. Ya no es solo nuestra, también es de ellos. Me encanta.

Interpretas a QWERTY. ¿Qué puedes adelantar de él en la nueva temporada?

Nada, porque no sé nada. Aún no sabemos temas ni nada. Solo sé que el público pide más de Three Souls in My Mind, la banda de K-Pop de mi personaje. La mezcla de rock con K-Pop le encantó a México y Latinoamérica. Ojalá los guionistas nos hayan dado más.

La Oficina en su versión mexicana fue una apuesta arriesgada. Los propios productores han comentado que recibieron comentarios negativos. ¿Tú compartes ese escepticismo? ¿Cómo viviste esos primeros días después del lanzamiento, cuando la serie empezó a romper récords?

Llevo años en esto y trato de no tener expectativas. Sabía que Amazon confiaba en el proyecto, eso me daba buena espina. Al final, la última palabra la tiene el público. Antes de 24 horas, la serie ya era número uno en Amazon. Cualquier duda se disipó. Ver que se formó un fandom que se adueñó de la historia me reafirma que el producto es bueno y llegó a buenos oídos. Me encanta.

Armando Espitia

Has hecho cine de autor y dramas intensos. ¿Sientes que este éxito de comedia ha cambiado cómo te perciben?

Es muy pronto. Pero mucha gente no me conocía antes, y está bien. Es hermoso que me conozcan por La Oficina y quieran saber más de mí. Hay memes recopilando de dónde más han visto a los personajes; yo quiero hacerlo con mis películas. La Oficina es un recurso para que otros públicos y generaciones conozcan mi trabajo. Más que un antes y después, los proyectos se acompañan y tejen una red. Me siento afortunado de mostrar mi rango actoral con proyectos tan diversos: estrené Mochaorejas y luego Un Hijo Propio, otra película poderosísima. Es un privilegio tener estrenos tan potentes el mismo año.

Ya que mencionas estos proyectos enormes. ¿Cómo equilibras un documental de ficción sobre un tema delicado con una comedia masiva? ¿Una forma de actuar te ha enseñado sobre la otra?

Para mí, todas son la misma forma de actuar. Cuando grabas La Oficina, estás tres meses metido en ese mundo, rodeado de genios como Marcos Bucay y Alazraki, que entienden la comedia como matemática pura. Aprendí muchísimo. Luego te sumerges dos meses en una película de Maite Alberdi (dos veces nominada al Oscar), con personajes reales guiándote, otro guion, otro universo. Como actor te dejas permear, sin pensar en las diferencias. Disfrutas el momento. Son procesos en momentos distintos de la vida. Si grabara uno entre semana y otro los fines de semana, ahí sí habría problema.

Que ahora estrene muchas cosas se percibe como éxito, y lo es, pero me ayuda recordar que son dos años de trabajo. Los estrenos de hoy se filmaron hace dos años, en momentos diferentes. Eso cambia la mente del actor.

Lo que más ansiamos los actores es tener amplitud de registro. La industria debería darnos la oportunidad de hacer comedia y drama. Estamos formados en actuación, no en un solo género. Me siento muy afortunado de estar en proyectos tan dispares, ricos e importantes.

Por favor háblanos de Un Hijo Propio.

Es de Maite Alberdi, directora chilena, mayormente documentalista, nominada dos veces al Oscar por La Memoria Infinita El Agente Topo. Yo era fan antes de trabajar con ella.

La película es la historia de Arturo (yo) y Alejandra (Ana Celeste Montalvo), una pareja joven que no puede tener hijos. Trata sobre las decisiones que toman, especialmente ella, para enfrentar la presión social de ser padres después de casarse. Está basada en hechos reales, es muy potente. El final es documental (los personajes existen) y las dos terceras partes son ficción. Es una película súper intensa, con personajes profundos, que invita a reflexionar sobre roles de género y la presión de ser padres recién casados. Es original de Netflix, se estrenó en Berlín, y ya me muero porque la gente la vea.

El Mochaorejas también es un fenómeno. ¿Cómo vives ese éxito? ¿Te lo esperabas?

No sabíamos qué esperar. El tema es delicado para México, y tanto los creadores como la plataforma lo trataron con mucha clase y elegancia. La serie no alaba criminales ni hace apología del delito; es un estudio sobre víctimas, victimarios y la violencia. Nos sorprendió que se convirtiera en un fenómeno. Me siento muy orgulloso: el equipo es potentísimo, y aunque mi personaje era pequeño (“El Niño”), me dieron la libertad y la responsabilidad de construir a alguien profundo, complejo, importante para la sociedad. Eso me lo llevo.

Armando Espitia

¿Cómo humanizar a un personaje violento sin romantizarlo?

Desde normalizarlo. El personaje vive la violencia todos los días. Decidimos que fuera mucho más joven, que aún está “aprendiendo” el negocio. Para mezclarlo con su juventud, le pusimos un detalle clave: siempre comía dulces y, en las cantinas, pedía refresco de mango. Queríamos conservar rasgos infantiles en alguien metido en el crimen. Así se entiende que para él la violencia es lo normal. Eso me lleva a preguntar: ¿qué les estamos mostrando a los jóvenes?

¿Ahora que dices eso, por qué nos gusta tanto el true crime?

Algo químico en el cerebro nos vuelve adictos a la tensión y la violencia. A mí me estresa, prefiero salir de ahí, pero es una corriente enorme en México. Creo que el true crime refleja aspectos que a veces no queremos ver de nuestra sociedad, y nos ayuda a cuestionarnos. Es una pregunta fuerte, gracias por hacerla.

Para conocer más de Armando

Empezaste en la Sinfónica Infantil de Iztapalapa, querías saxofón como Lisa Simpson pero terminaste con violín. ¿Todavía lo tocas?

Sí, todavía lo tengo y lo toco como hobby. La música me forjó en la disciplina, el rigor, la puntualidad, el trabajo en equipo. Eso se queda conmigo. El violín me lo regaló mi papá a los 17, cuando ya había dejado de tocar, porque nunca tuve uno propio. Me encanta tenerlo.

Eres de Iztapalapa. ¿Tu puesto callejero favorito? ¿Un antojo de tu infancia?

Crecí comiendo en la calle. Muchos sabores los asocio con la comida de mi mamá. El otro día me enfermé, hice unas comidas y al comerlas me di cuenta de que extrañaba a mi mamá. Le escribí para agradecerle. Y otra cosa que no olvido son los chetos a granel, picosos. Todos mis compañeros de primaria y secundaria se acuerdan de que yo siempre comía eso. Todavía no les digo que no.

Armando Espitia

¿Tienes algún ritual al terminar un proyecto?

Me gusta que el equipo me firme los guiones en la carátula con un mensajito, para no olvidar. Y para soltar personajes intensos, trato de irme a la playa. El mar y la sal me ayudan a hacer una especie de limpieza.

¿El mejor consejo que te han dado? ¿Y uno que tú des a quien empieza?

Damián Alcázar, en Mochaorejas, me sacó del set y me dijo: “El teléfono se queda en el camper siempre”. Pensé que me iba a dar un consejo de actuación, pero fue ese. Y tiene razón: la mística del actor se cuida desde su energía vital. Si estás en el teléfono, no estás en el aquí y ahora para la ficción. Eso se lo digo a mis alumnos ahora que también soy maestro de actuación.

También les digo que quedarse o no en un proyecto no depende del talento; el 80% son factores fuera de tu control. Entender eso evita muchas frustraciones.

Sigue a Armando en Instagram: @armandoespitiaa

Créditos
Entrevista: David Patiño Torres @bavidbavid